Llega un año nuevo, 2020, y muchas y muchos de vosotras/os os habréis puesto miles de objetivos que conseguir este año. Espero que podáis conseguir gran parte de aquellas metas que os posponéis. Pero a mí, me gustaría invitaros a practicar y mejorar algo que a todas nos cuesta y que siento tan necesario:

APRENDER A REGULARME Y CALMARME, pudiendo deshacerme de tantos momentos de desregulación, donde tanto yo como mis seres queridos lo pasamos realmente mal. Pudiendo vivir con más calma y paz interior.

En casi todas las entradas que he escrito hasta ahora, comento la importancia de aprender a regularme, a calmarme. Lo primero por mí, por mi salud y mi bienestar. Pero también por mis seres queridos, y por todas esas personas con las que convivo, ya sean familiares o compañera/os de vida. Pero me he dado cuenta que la teoría queda muy bonita, muy clara, el problema es que después cuesta mucho llevarlo a la práctica real. Y más en momentos de angustia, estrés o ante una sensación de injusticia e impotencia.

Antes de entrar a responder la pregunta que planteo como título, me parece interesante que comencemos a ser conscientes de en qué momentos me desregulo, me altero y de qué manera. Porque entre tú y yo y entre todas las demás personas, serán circunstancias distintas las que me hagan descontrolarme, o perder los papeles. Y a su vez, cada ser humano se altera de forma distinta, unas personas lo manifestamos contra el resto y otras contra nosotras/os misma/os. Unas nos pondremos agresivas, insultando o mal tratando, otras angustiadas, otras nos bloquearemos, otras nos deprimiremos, y un largo etc. Cada cual sabrá mejor que nadie cual es su forma más habitual de desregularse.

Para mi es importante empezar a reconocer y anticipar que situaciones son las que más me alteran, las que más me cuesta manejar. Ya que solo el saber de estas, me otorga cierta sensación de control y seguridad. Ahora el reto está es aprender a manejar ese impulso primario y aprender a regularme de otro modo.

En consulta a menudo ayudo a las personas a que aprendan a regularse. Para ello, primero nos centramos en que puedan reconocer que tipo de situaciones les alteran, para así después poder anticiparlas. Parece algo insignificante, pero es muy importante que cada cual sepa y reconozca que estímulos, circunstancias o incluso que personas le alteran. Os recomiendo por ejemplo, empezar a vivir siendo un poco más consciente de en qué momentos me altero, y por ejemplo escribirlos, para que todavía me haga más consciente de ello.

Una vez reconocidas las situaciones, personas o etapas que mas me desregulan, entonces toca aprender a anticiparme a ellas. Es decir, yo no puedo hacer que ciertas cosas dejen de suceder o que ciertas personas dejen de existir. Pero si puedo anticipar mi reacción. ¿Qué quiero decir con todo esto? Si por ejemplo a mí me altera mucho que mi jefe entre en la reunión de equipo y se ponga a tratarnos de forma inadecuada. Lo primero, anticipo que esta persona en estas circunstancias, me angustia, por ejemplo. Entonces necesito un entrenamiento antes de poder enfrentarme a esta situación. En casa le tendré que dedicar un tiempo a imaginarme en ésta circunstancia donde me siento tan mal. E iré practicando formas de calmarme, como respirar, centrarme en mi cuerpo, ser capaz de integrar los tres cerebros de los que hablábamos en la anterior entrada de blog. ¿Cómo funciona y se desarrolla nuestro cerebro?

Así cada vez que me tenga que enfrentar a esta situación que tanto temo, cada vez sentiré mayor control y capacidad de regularme. Hasta que un día incluso podré enfrentarme a mi jefe y decirle lo mal que me siento cuando el toma una actitud tan déspota. Ayudándole a el también a ser consciente de su propia desregulación.

Pero al igual que este ejemplo podríamos pensar en millones de situaciones que nos resultan complicadas o que simplemente nos alteran. Que mi hijo no me haga caso y grite, que mi pareja no me responda al teléfono, sentirme sola/o sin nadie con quien compartir, hacer una presentación delante de mucho público, o incluso hacer una entrevista de trabajo, y un larguísimo etcétera.

Lo interesante es que cada una/o de nosotras/os le dediquemos un rato a averiguar cuáles son aquellas situaciones en las que más me desregulo. Después dedicarle tiempo en casa o en momentos relajados para imaginármela y aprender a calmarme. Y cuando vaya a llegar el momento de tener que enfrentarme, poder parar y calmarme antes de que me desregule por completo. Ya que cuando salimos del todo de nuestro margen de tolerancia, será mucho más difícil poder calmarnos. Por eso en importante anticiparme, y calmarme antes de que el vaso de mis emociones se desborde por completo.

 

Así es que os deseo un 2020 lleno de momentos divertidos y agradables. Pero también situaciones complicadas, donde cada cual ponga en práctica sus habilidades cada vez más fortalecidas para regularse y enfrentarse a aquello que tememos o no sabemos manejar.