Se acaban las vacaciones de verano, entramos en rutina y la vuelta al trabajo, colegio…y las enfermedades. Pronto empezará la campaña de “vacúnate contra la gripe”.

La verdad es que suele ser un buen momento para pillar un resfriado, una gastroenteritis, o encontrarte con mal cuerpo. Habitualmente achacamos las enfermedades físicas, al cambio de tiempo, a coger frio por falta de abrigo, o habernos contagiado de un virus. Y si, parte de los factores que nos enferman a nivel corporal tienen relación con lo nombrado, pero no es solo eso.

A través de esta entrada, me gustaría empezar a visibilizar la relación entre nuestros estados de ánimo y nuestra predisposición a enfermar.

Muchas veces habrás oído, e incluso habrás padecido estar en una época de estrés fuerte, con mucho trabajo o muchas obligaciones y sentirte que a pesar del sobresfuerzo puedes con todo. De pronto paras, coges vacaciones, y caes enferma/o.

Nuestros estados de ánimo, y el propio estrés son factores muy importantes a la hora de gozar de salud o caer enferma/os.

Hay un libro muy interesante que explica la relación entre el estrés y las enfermedades, muy recomendable ¿Por qué las cebras no tienen úlceras? De Robert M. Sapolsky. A lo largo del libro Sapolsky explica como en momentos de mucho estrés, ponemos en marcha el sistema simpático, y liberamos hormonas que al principio refuerzan el sistema inmune, haciendo que todo el sistema esté totalmente activado para sobrellevar la tensión, o el momento estresante. Una vez el periodo estresante pasa, nuestro sistema inmune cae y vuelve al nivel original, lo cual a menudo hace que nos pille con esas defensas más flojas, y sea el momento propicio para que ese virus entre en contacto con mi cuerpo y aproveche para atacar. Me imagino que a casi todo/as os habrá pasado que después de un trabajo duro, una mudanza o acompañamiento de un familiar enfermo, por ejemplo, caigáis enfermos/as.

El problema se añade aún más cuando esta sensación de estrés se alarga en el tiempo. Cuando padecemos estrés crónico, éste ataca el sistema cardiovascular, y cada agente estresante aumenta su grado de vulnerabilidad. Y ¿Por qué? Cuando vivimos muy estresados, todo nuestro cuerpo se altera, hacemos que corazón y vasos sanguíneos bombeen más fuerte, y esto de forma regular nos lleva al desgaste y al deterioro de dicho sistema.  Pero al final no solo se deteriora el sistema cardiovascular, si no que todo mi ser, desde mis células hasta la piel, todo se deteriora, y estamos en un estado mucho más vulnerable, siendo más fácil que enfermemos.

Con todo esto no quiero decir que las enfermedades se deban solo al estrés. Pero si considero que el estrés es un factor importante. Además, vivimos en una sociedad que cada vez tiende más a la rapidez, a la prisa y el estrés, lo cual terminamos naturalizando. Así, en momentos puede que nuestro nivel de tolerancia este por las nubes, y ni siquiera somos conscientes de ello. Este es uno de los factores claves relacionados con la enfermedad.

Aun así, son diversos los motivos por lo que alguien enferma, desde factores ambientales, la alimentación, cambios de rutina, problemas familiares, laborales, conflictos psicológicos, etc. Pero todo ello tiene que ver con los cambios en mis estados emocionales. Cuando vivimos momentos de emociones muy fuertes, ya sean buenas o malas sensaciones, somos más vulnerables a estar con las defensas mas bajas y encontrarnos con la enfermedad.

Mi intención con esta entrada en que empieces a ser consciente y a observar en que momentos caes enfermo/a.

Siempre hay momentos de “epidemias de gripe” o “brotes de gastroenteritis” pero yo siempre no me pongo mala. ¿A qué se debe que mi sistema inmune este más fuerte o más debilitado?

Personalmente hace unos meses me infecté de una bacteria común, pero en mi caso, debido a mi estado personal, estrés y momento vital, la bacteria se hizo fuerte y tuve que estar tiempo con antibióticos y bajo atención médica. Después de este suceso, estoy o intento estar más conectada con mi cuerpo, sin llegar a obsesionarme. Pero si dedicar un tiempo cada día a sentirme, a detenerme en como estoy, si cansada, o ilusionada, o agotada, o con estrés….

Este simple gesto de detenerme y pararme en mi y para mi me ayuda. Hace que pueda conectar conmigo, y algo que lo hago por unos instantes, poco a poco se vuelve forma de vida. Aunque quede raro, aprendo a vivir conectada conmigo, con mi cuerpo y con mi sentir.

Este sería el resumen de esta entrada. Lo que quiero que os llevéis de estos minutos leyendo sobre salud y enfermedad.

La esencia sería. ¿Vivo conectada conmigo? ¿soy consciente de cómo estoy de cómo me siento? Practicarlo y hacerlo forma de vida me puede ayudar a mejorar mi salud física y emocional. Cuando me encuentro mal, le dedicare tiempo y buscaré la forma de sanarme y cuidarme. Cuando me encuentro bien disfrutaré de ello conscientemente. Agradeciéndome mi salud.

Así a pesar de las prisas y el estrés que nos invade fruto de esta sociedad, frenemos, paremos y detengámonos a sentir mi ser, a encontrarme y reconocerme.

Antes de terminar, veo que el tema de la enfermedad es complicado y delicado. Y como no quiero alargarme mucho más, otorgare más entradas para seguir reflexionando sobre este tema de la SALUD Y ENFERMEDAD.